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Friday, January 23, 2015

El ejemplo de mi Padre


Hace más de 10 años, mi padre sembró un arbolito de guanábana frente a su casa. Hoy se pueden ver sus frutos. Este siempre ha sido su ejemplo: el que siembra recoge para bien ó para mal. ¡Mi padre solo cosas buenas ha sembrado!


Dario Morales

Sunday, January 18, 2015

Trece cosas que las personas mentalmente fuertes no hacen


A menudo oímos consejos como "Piensa en positivo y te pasarán cosas buenas" o "Inténtalo con todas tus fuerzas y al final todo saldrá bien". Aunque tales palabras de sabiduría tienen su mérito, estas sugerencias bienintencionadas no te ayudarán a alcanzar tus objetivos si al mismo tiempo muestras una conducta enfermiza. La clave para crear una fuerza mental consiste en reconocer y sustituir los comportamientos, pensamientos y sentimientos enfermizos que pueden estar saboteando tus mejores esfuerzos.

Trata de comparar la fuerza mental con la fuerza física. Para un gimnasta, es igual de importante mantener su físico con buenos hábitos, por ejemplo yendo al gimnasio, que alejarse de malos hábitos, como la comida basura. Un régimen de ejercicio físico no será efectivo si no se abandonan también los hábitos alimentarios poco saludables.

Del mismo modo, la construcción del músculo mental requiere trabajo duro, dedicación y ejercicio. Además de adoptar hábitos saludables, también es indispensable evitar las conductas nocivas, como los pensamientos negativos, un comportamiento contraproducente y las emociones autodestructivas.

Fortalecer tu mente te ayudará a alcanzar tus objetivos, ya sean convertirte en un padre más paciente o llegar a ser un atleta de élite. Aprende a identificar los obstáculos que sueles encontrar y practica ejercicios que te ayuden a dar lo mejor de ti.

Ahí van 13 cosas que las personas mentalmente fuertes no hacen:

1. Perder el tiempo autocompadeciéndose

La mayoría de los problemas y preocupaciones de la vida son inevitables, pero sentir pena por uno mismo es una elección. Ya sea por la dificultad de llegar a fin de mes o por algún problema de salud inexplicable, la autocompasión no arreglará tus problemas. Si eres propenso a sentir pena por ti mismo cuando las cosas se complican, entrena el cerebro para cambiar la autocompasión por la gratitud. Las personas mentalmente fuertes no malgastan tiempo y energía dándole vueltas al problema. En su lugar, se centran en buscar una solución.

2. Abandonar sus fuerzas

Culpar a otras personas de nuestros problemas y circunstancias puede resultar tentador. Al pensar cosas como "Mi suegra me amarga" o "Mi jefe me hace sentir mal" nos estamos dando por vencidos. Recupera tus fuerzas aceptando toda la responsabilidad de lo que piensas, sientes y haces. Encontrar el poder y la fuerza en uno mismo es un componente esencial para fortalecer la mente y llevar el tipo de vida que quieres.

3. Huir del cambio

Aunque nos sintamos más seguros en nuestra zona de confort, si esquivamos los nuevos retos no podremos llevar una vida plena y enriquecedora. Aprender a reconocer que evitas el cambio por la incomodidad de hacer algo nuevo puede ser el primer paso de un largo camino en busca de una vida mejor. Cuanto más te esfuerces por tolerar las molestias asociadas al cambio -ya sea por empezar un trabajo nuevo o por romper una relación poco sana-, más confiarás en tu capacidad para controlar el futuro.

4. Gastar energía en cosas que no pueden controlar

A veces nos preocupamos por todo. En lugar de concentrarnos en prepararnos para la tormenta, perdemos energía deseando que no llegue. Si invirtiéramos la misma energía en las cosas sobre las que tenemos control, estaríamos mucho mejor preparados para lo que nos depare la vida. Piensa en las veces en que has estado tentado de preocuparte por cosas que no puedes controlar -como las decisiones de otras personas o el comportamiento de tus competidores- y dedica esa energía para hacer algo más productivo.

5. Preocuparse por complacer a los demás

Mucha gente dice: "No me importa lo que piensen los demás", pero a menudo es un mecanismo de defensa para escudarse del daño y el dolor asociados al rechazo. Los complacientes son de todo tipo. A veces se ven de lejos y otras veces tienen demasiado miedo a enfadar a los demás. Hacer y decir cosas que pueden no gustar requiere coraje, pero para llevar una vida auténtica hay que vivir de acuerdo con tus valores, aunque tus elecciones no sean populares.

6. Miedo a correr riesgos calculados

Cada día tomamos decenas (o cientos) de decisiones sin dedicar mucho tiempo a considerar los riesgos que estamos corriendo. Por ejemplo, ponerse casco al montar en bici o meterse en una hipoteca son decisiones basadas en nuestras emociones, no en el nivel de riesgo real. Tomar decisiones basadas en el miedo no es una buena forma de calcular el riesgo. Las emociones a menudo son irracionales y poco fiables. No puedes llegar a ser extraordinario sin correr riesgos, y aprender a calcular bien el riesgo es una forma de tomar mejores decisiones.

7. Vivir en el pasado

Aunque reflexionar sobre el pasado y aprender de él es útil para fortalecer la mente, dar demasiadas vueltas a las cosas puede ser perjudicial. Quedarse en paz con el pasado para poder vivir el presente y planear el futuro puede ser duro, sobre todo si has pasado muchas desgracias, pero es un paso necesario para dar lo mejor de ti.

8. Cometer los mismos errores una y otra vez

Estaría bien aprender de cada error y asegurarnos de que no vuelvan a repetirse. Pero la realidad es que tendemos a cometer los mismos errores. Aprender de ellos requiere humildad y voluntad para buscar nuevas estrategias y ser mejor persona. Las personas mentalmente fuertes no esconden sus errores o buscan excusas, sino que los utilizan como oportunidades para crecer.

9. Molestarse por el éxito de otras personas

Que un compañero consiga un ascenso o que un amigo hable de sus logros puede hacer que sintamos envidia. Aun así, enfadarse por el éxito de otras personas sólo interferirá en tu capacidad para conseguir tus propios logros. Si estás seguro de tus propias posibilidades de éxito, dejarás de envidiar a los demás y te dedicarás a perseguir tus sueños.

10. Rendirse tras una derrota

Es normal sentirse avergonzado, descorazonado y fracasado cuando las cosas no funcionan a la primera. Desde jóvenes, nos enseñan que fracasar es malo, pero es casi imposible lograr el éxito si nunca te equivocas. Las personas mentalmente fuertes ven las derrotas como prueba de que se están esforzando para dar su máximo potencial.

11. Tener miedo a pasar tiempo solo

En el apresurado mundo en el que vivimos, pasar un rato tranquilo a menudo requiere un esfuerzo consciente. Muchas personas evitan el silencio y la soledad porque la falta de actividad les hace sentir incómodos. Sin embargo, el tiempo con uno mismo es esencial para fortalecer la mente. Las personas mentalmente fuertes buscan oportunidades para estar solos con sus pensamientos, reflexionan sobre su progreso y buscan objetivos para el futuro.

12. Sentir que el mundo les debe algo

Es fácil ser consciente de tus derechos. Pero esperar que el mundo -o que la gente- te dé lo que crees que te deben no es una buena estrategia de vida. Si estás ocupado intentando obtener lo que crees que mereces, no te quedará tiempo para ver lo que tienes que dar tú. Todo el mundo posee dones que se pueden compartir, independientemente de si les han tratado de forma justa o no en la vida.

13. Esperar resultados inmediatos

Estaría genial tener todo al alcance de la mano y que bastara con pulsar un botón. Estamos tan acostumbrados al mundo de no hacer cola y no esperar que nuestros cerebros empiezan a creer que todo tiene que ocurrir de forma instantánea. Pero el crecimiento de uno mismo se produce más bien al ritmo de un caracol, no a la velocidad de la luz. Independientemente de si intentas adelgazar o mostrarte más atento, ten en cuenta que no llega más lejos quien más corre. Si sólo esperas resultados inmediatos, te llevarás más de una decepción. Las personas mentalmente fuertes saben que el verdadero cambio requiere tiempo y están dispuestos a esforzarse al máximo por ver los resultados.

La buena noticia es que todo el mundo tiene la capacidad de fortalecer su mente. Pero, para hacerlo, tienes que ser consciente de ti mismo, de los pensamientos, conductas y sentimientos autodestructivos que te impiden aprovechar todo tu potencial. Si observas zonas que necesitan mejorar, realiza ejercicios mentales para crear hábitos sanos y fortalecer el músculo de la mente.


Este post fue publicado originalmente en la edición estadounidense de The Huffington Post y ha sido traducido del inglés por Marina Velasco Serrano.

Sunday, January 11, 2015

¡Sigamos soñando!

Muchos (as) de nosotros nos hemos preguntado: ¿Porque Dios no dejó instrucciones más especificas para cada aspecto de nuestras vidas? 

Si lo meditamos un poquito más nos podemos dar cuenta que si así fuese, nuestra capacidad de soñar se vería muy limitada. 

¡Soñar nos permite acceder a un universo de infinitas posibilidades para nuestro futuro! 

¡Sigamos soñando!¡Sigamos construyendo!


Dario Morales



¿Sabía que Usted es el conductor de su vida?

¿Sabía que Usted es el conductor de su vida? 

Como buen conductor me permito consultarle lo siguiente: ¿Practica la seguridad preventiva y se revisa a si mismo antes de salir a la calle para no causar accidentes?

Si no sabe cómo hacerlo, le recomiendo empezar con la siguiente pregunta: ¿Qué pasa dentro de mí en este mismo momento?


Dario Morales


¡Porque yo lo elijo!

Agente Smith: ¿Por qué, Sr. Anderson? ¿Por qué lo hace? ¿Por qué se levanta? ¿Por qué sigue luchando? ¿Cree usted que está luchando por algo? ¿Por algo más que su supervivencia? ¿Puede decirme qué es? ¿Acaso lo sabe? ¿Es libertad? ¿Busca la verdad? ¿Quizás paz? ¿Sí? ¿No? ¿Podría ser por amor? Son ilusiones, Sr. Anderson. Caprichos de su percepción. Construcciones temporales de un intelecto humano débil que intenta desesperadamente justificar una existencia que está sin significado y propósito. Y todos son tan artificiales como la matriz misma, aunque solamente una mente humana podría inventar algo tan insípido como el amor. Usted debe poder verlo, Sr. Anderson. Usted debe saberlo ahora. Usted no puede ganar. Es insustancial seguir luchando. ¿Por qué, Sr. Anderson? ¿Por qué? ¿Por qué persiste usted?

Neo: Porque lo elijo.


Sunday, July 24, 2011

15 Monedas honestas


Érase una vez una pobre mujer y su hijo que vivían en una pequeña aldea. Todos los días se levantaban antes del amanecer para recoger leña en el bosque. Luego el niño la llevaba al mercado para venderla como combustible en cocinas y chimeneas. Con el dinero que obtenía compraba las cosas que necesitaban: aceite, huevos y arroz, y luego regresaba a casa.
Un día, cuando estaba en el mercado esperando pacientemente a que la gente le comprara su leña, de repente vio un pequeño monedero que seguramente se le había caído a alguien. No sabía que hacer con él, así que corrió a su casa para enseñárselo a su madre.
“Madre, mira lo que he encontrado”, dijo el niño.
Abrieron el monedero y contaron 15 monedas de oro.
“La persona que lo perdió debe estar preocupada. Tienes que volver al mercado y encontrar a la persona que lo perdió. Puede ser una persona tan pobre como nosotros que tenía pensado usar el dinero para arroz y aceite. Tú simplemente tienes que permanecer en el mismo lugar donde encontraste el monedero, y seguramente que la persona que lo perdió vuelve a buscarlo allí. El conservar las monedas me hace sentir muy mal, o sea, que apresúrate y encuentra al propietario”
Así que, tal como deseaba la madre, el chico volvió al mercado para encontrar al propietario. Poco tiempo después se dio cuenta de que un comerciante miraba para todos los lados como si hubiera perdido algo.
“¿Señor, ha perdido usted algo? Le preguntó el chico.
“Sí, he perdido un monedero. Debe habérseme caído en alguna parte”
“¿Es este el monedero, señor? Preguntó el niño al comerciante.
“¡Oh, sí! Exclamó el hombre, e inmediatamente comenzó a contar las monedas que había dentro.
“1, 2, 3, ...¡15! ¡Sólo hay 15! Tenía 30 monedas en el monedero. Tú te has quedado con 15. ¿Cómo te atreves a robar mi dinero?”

“Yo soy honesto, señor, se lo aseguro, había solamente 15 monedas en el monedero”, lloraba el niño.
Comenzaron a discutir, y poco después una gran multitud de gente se reunió allí para ver lo que pasaba. La discusión empeoró, cada uno acusando al otro de no ser honesto. La gente que se arremolinaba alrededor les decía que fueran a ver al juez para terminar con la disputa, así que, al final, una larga hilera de gente se encaminó hacia la oficina del juez.
“¿Cuántas monedas había en el monedero?” Preguntó el juez al chico.
“Quince, señor”
“¿Y contaste tú solo las monedas?
“No, señor, mi madre también estaba allí, y las contamos juntos”, explicó el chico.
Al oír esto, el juez mandó a llamar a la madre y le preguntó lo mismo.  

Ella contestó con honestidad que había quince monedas en el monedero.

“Le dije a mi hijo que volviera al mercado inmediatamente para intentar encontrar al propietario”  

El juez echó una larga mirada a la mujer y a su hijo, y luego le preguntó al comerciante:  

“¿Cuánto dinero has perdido?”  

“Perdí 30 monedas de oro. Este chico me ha robado 15 monedas. Exijo que me las devuelva inmediatamente.”  

El juez echó una larga mirada al comerciante también y consideró qué sería lo más justo. Después de un rato, una ligera sonrisa apareció en su rostro y declaró:  

“Como insistes en que has perdido un monedero con 30 monedas de oro, este monedero no puede ser el tuyo, por lo tanto no lo podrás reclamar”.  

Mirando al chico, dijo:  

“Dado que tú encontraste el monedero y nadie con derecho a él lo ha reclamado, puedes quedarte con el dinero para comprar las cosas que tu madre y tú necesitéis. Caso cerrado”  

Todas las personas en la sala, excepto el comerciante, se sintieron satisfechos, y creyeron que había sido la mejor decisión